Fuente: magazinedigital
11/02/2018
En las últimas décadas, el aire se ha ensuciado con una serie de contaminantes que agravan las enfermedades de algunas personas y provocan otras nuevas. Aun así, los científicos se lamentan de que la sociedad no es del todo consciente de este mal y no se adoptan políticas extensas.
La contaminación atmosférica está convirtiendo a muchas ciudades en ollas humeantes, al incrementar su temperatura en varios grados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 92% de la población mundial respira aire contaminado, entendiendo por tal aquel que tarde o temprano termina pasando factura a la salud. De hecho, comienza a convertirse en una rutina inhalar un cóctel de gases, vapores y materiales extremadamente pequeños que pueden contener metales pesados con efectos cancerígenos como el níquel, el cadmio o el arsénico. Los expertos en salud pública consideran que la contaminación atmosférica reduce, de promedio, en nueve meses la esperanza de vida de los europeos.
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