Fuente: eldiario.es
1/02/18
Los humedales, tanto costeros como interiores, constituyen uno de los ecosistemas más ricos y singulares y a la vez más frágiles de la biosfera. Sin embargo, durante mucho tiempo, las zonas húmedas a nivel mundial han sido consideradas tierras marginales que debían ser drenadas y “recuperadas” para la agricultura o para permitir el crecimiento urbanístico.
Fruto de un cambio de actitud con respecto al papel de las zonas húmedas fue el Convenio de humedales de importancia internacional o Convenio Ramsar, firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971. El citado convenio crea una lista de humedales de importancia internacional que recoge aquellos humedales que presentan rasgos muy relevantes en términos ecológicos, botánicos o hidrológicos. El País Vasco ha aportado seis humedales a la Lista Ramsar. Estos humedales, cuyas características los hacen únicos a nivel mundial, son los de Urdaibai, incluido en 1993, Lagunas de Laguardia (1996) y Txingudi, Colas del embalse de Ullibarri-Ganboa, Salinas de Añana, Lago Arreo-Caicedo Yuso y Salburua, incluidos en 2002.
Pero, además de estos espacios singulares, las zonas húmedas son relativamente abundantes en el País Vasco gracias, por un lado, a la presencia de la franja costera donde se forman estuarios más o menos desarrollados y, por otro, al régimen climático principalmente lluvioso y al tipo de sustrato y orografía, que favorecen la acumulación de masas de agua formándose lagos, lagunas, balsas y charcas de diversa índole distribuidas por todo el territorio. A estas zonas húmedas naturales hay que añadir la presencia de numerosas balsas artificiales, unas ubicadas en antiguas explotaciones mineras (fundamentalmente en la zona minera de Bizkaia)
y otras construidas para regadío en la Llanada Alavesa, así como los embalses, que ocupan una importante extensión sobre todo en Araba.
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